Catálogo  Autores  |  Servicios   Pedidos   Convocatorias 

 

Azafrán y Cinabrio

e    d     i     c     i     o     n     e     s

Benjamín Valdivia (ed.):
La muerte de Venus

Otto-Raúl González:
Diez colores nuevos

Stephen Crane:
Los jinetes oscuros. Poesía completa.

Luis Manuel Pérez-Boitel:
No llames en la noche

Benjamín Valdivia
Senderos de un publicista.
Diálogos con la obra de Eulalio Ferrer.

Hugo de Sanctis:
Canción al prójimo

Jorge Leónidas Escudero:
Le dije y me dijo. Antología poética.

Agustín Cortés Gaviño:
...Y otros regresos. Obra literaria reunida.

Benjamín Valdivia et al :
Hablar en lenguas. Poemas traducidos en ocho idiomas.

Javier Báez Zacarías:
Para asuntos comerciales

Colección "Autores contemporáneos":
* Víctor Sahuatoba: Cuaderno de San Miguel
* Miguel Aguilar Carrillo: Laberinto del cuerpo

 

 

 

 

contacto@ayc.com.mx

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Breves extractos procedentes de

LA MUERTE DE VENUS
La fragmentación en la Estética actual

 

PENSAMIENTO, SENTIMIENTO Y CONVIVENCIA
EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN

Francisco Lara Salazar

  

¡Qué hermosa era la información del tiempo de la verdad!

¡Qué hermosa era la ciencia del tiempo de lo real!

¡Qué hermosa era la objetividad del tiempo del objeto!

¡Qué hermosa era la alienación del tiempo del sujeto!. Etc.

Jean Baudrillard

Cotidianamente más a menudo en la universidad, en la oficina, en la empresa, en los bancos, en los hospitales, en los cines, en los aviones, en los centros comerciales, en el hogar, etc., pensamos, sentimos y convivimos en un espacio multimedial. Nunca como hasta ahora la sociedad se había estructurado icónicamente. Ya hemos dejado de percibir la vida a través de imágenes promovidas internamente en nuestra conciencia a raíz de contextos narrativos orales o escritos, de sueños y proyecciones de nuestra capacidad imaginativa. Actualmente lo hacemos por medio de iconos que la pluralidad y diversidad de medios electrónicos ponen en marcha o en funcionamiento. En este momento, a estas alturas del gran progreso informático los libros electrónicos, las bibliotecas virtuales, la cultura estereofónica y estereoscópica ha incrementado su patrón de entendimiento, hasta el grado de que la simulación, que permite a través de su operatividad la puesta en marcha de la animación, la abstracción y la interacción, se está constituyendo en el nuevo territorio donde se gestan las nuevas competencias humanas.

Que lo anterior esté siendo posible se debe al evento de que el hombre contemporáneo pertenece a la sociedad de la información en la que la velocidad juega un papel primordial, puesto que, en un mundo donde la información es lo más preciado, la velocidad es requisito primigenio para conseguirla. La velocidad se convierte en parámetro de todo proceso, desde el ámbito de los negocios hasta el campo de la calidad académica; desde las trincheras de las elecciones políticas partidistas hasta la moda y circulación de mercancías. Paul Virilio ha destacado que el poder político, económico, científico, etc., se alcanza por vía de la intervención de la velocidad: quien controla los vectores de la velocidad detenta el poder. La información y la velocidad en el mundo contemporáneo son corolario de la tecnología integral e intensiva, productora del ciberespacio, donde los límites referenciales o coordenadas ya no son geográficas sino informáticas. Condición que da lugar a que el hombre organice su relación (epistémica, ética y estética) con el mundo de modo distinto al que guardaba con el mundo ofrecido por la modernidad. Las percepciones cognitivas, lógicas o epistemológicas; las valoraciones éticas y morales; las experiencias estéticas o de la experiencia simbólica, etc., han de manifestarse bajo otro esquema, puesto que el universo informativo y los espacios virtuales en los que se mueve el hombre contemporáneo le exigen abandonar concepciones acerca de lo real desde la totalidad y desde posiciones fundantes, universalistas y sustancialistas que derivaban en vivencias y en valoraciones regionales y absolutistas, que mantenían al hombre adherido a una lógica de la identidad y de la representación, donde el criterio de verdad se funda en la simplicidad, en la claridad y en la distinción de la certeza a la cual la razón llega o encuentra en sí y a partir de sí misma. De igual manera las valoraciones de la actividad humana: responsabilidad individual, compromiso social, solidaridad pública, unidad cultural e identidad con la Ley y con el Estado eran deducidas desde la obligatoriedad que impone el imperativo categórico o las éticas coercitivas y normativas. Por su parte las experiencias simbólicas o producciones estéticas requerían del supuesto de que la realidad estaba organizada bajo una estructura geométrica, matemática, que necesariamente el sujeto reproduciría en cualquiera de las representaciones simbólicas que éste elaborara. Específicamente en la esfera de la experiencia artística contemporánea el talento del cibercreador (diseñador o artista computacional) consiste en producir un mundo fantástico y presentarlo con una precisión tal que no puede ser descrito más que como fascinante; es decir, la computadora permite, por ejemplo, al artista y al cineasta, combinar en un fenómeno de simulación los objetos reales con efectos tecnológicos sorprendentes. La flexibilidad del proceso de simulación hace que una situación, una imagen, puedan a la vez adaptarse y actuar. En la simulación o virtual, la base de la imagen no es otra cosa que una estructura matemática rebosante de condiciones y parámetros, paralela a un fantástico sistema sonoro unido por miles de tonos y de perspectivas. Una idea, un sentimiento o una imagen pueden ser exploradas en todas sus posibilidades, reduplicadas en su naturaleza, que desde, o para, la imagen del mundo moderno, la naturaleza de los objetos obedecen a tan solo aquellas imágenes que el individuo ha elaborado en su conciencia.

volver

VERDAD DEL ARTE Y EXPERIENCIA ESTÉTICA

Roberto Sánchez Benítez

 b) Las muertes del arte

Como vemos, la estética hermenéutica  considera que la obra de arte no es una simple reproducción de la realidad, sino que se encuentra en función de la “apertura de mundos”, es decir, que su comprensión depende de la capacidad que tenemos de aprehender su posibilidad, de trascender el mundo cotidiano inmediato y “fijar” un momento histórico, haciendo posible su recuperación en el tiempo. La obra es una de las más puras manifestaciones del tiempo en sí mismo al cautivar la presencia. Es por ello que puede ser tanto una “intuición utópica” (Ernest Bloch), como un reconocimiento  retrospectivo. La obra de arte “completa el mundo incompleto, tanto al plantear futuras experiencias, como al conservar las pasadas” (Jauss, 1986:40). El arte representa momentos “originarios”, cierta a-temporalidad que permite comprender al hombre en el tiempo, vincularlo a actos fundacionales a partir de los cuales adquiere historia, como veremos en el siguiente apartado.

En particular, la verdad en el arte debemos entenderla como un proceso, una transformación que le ocurre al espectador. La experiencia estética revela antes que nada un acontecer inconcluso, y está ahí para sustituir a la conciencia estética tradicional. Experiencia del arte y conciencia estética, sostendrá Gadamer. Preguntar por la verdad en el arte es hacerlo por su verdad y, aparentemente por la verdad de la verdad (de toda verdad), “aunque ella no sepa lo que es y aunque no pueda decir lo que sabe” (Gadamer, 1988:142). ¿Qué es lo que se experimenta en la obra de arte? Un comprender, sin duda, que no deja inalterado a quien lo experimenta. Tal acontecimiento hace posible a su vez que la obra se “enriquezca” con una variabilidad de sentidos, que “crezca” y , en este sentido, pueda explorar posibilidades mas allá del autor. La verdad en el arte, como hemos insistido, no se establece gracias a la existencia de un criterio externo definido sobre la realidad. Hablar de la verdad en el arte supone aceptar la posibilidad de una transformación en nuestra forma de ver el mundo.

Es por ello que la obra debería ser capaz de formular un punto de vista que vaya más allá de la inmediatez de la vivencia de ella misma, de la discontinuidad, y que responda a la realidad histórica del hombre (Gadamer, 1998:138). El arte es conocimiento. Lo anterior equivaldría a separar al arte de su condena a la subjetividad, de la inmediatez irrepetible, de la experiencia relegada a la falta de “vinculatividad”. En última instancia, sacarla de los propios criterios de los estetas. Gadamer considera que debemos a Hegel este planteamiento decisivo sobre la verdad en el arte, entendida a partir de su experiencia. Para el autor de la Fenomenología del espíritu, el contenido de verdad que posee toda experiencia del arte está reconocido de manera “soberbia, y al mismo tiempo está desarrollada su mediación con la conciencia histórica”. De esta forma, la Estética deviene una historia de las concepciones del mundo, es decir,  una “historia de la verdad tal y como se hace visible en el espejo del arte”. Hegel sostuvo que “el arte ha sido en verdad la primera institutriz de los pueblos” (116).

Sin embargo, Hegel hará popular la divisa de la “muerte del arte”.  En realidad, se refirió al hecho de que el arte era ya cosa del pasado para la modernidad en el sentido de que dejó de llenar las necesidades más elevadas, y de que la impresión que provoca es más bien reflexiva, exigiendo de nosotros un criterio más alto y una confirmación distinta. El arte como tal habría perdido su auténtica verdad y la fuerza vital; habría sido relegado “en nuestra representación, de modo que no mantiene ya en la realidad su antigua necesidad ni ocupa su elevado puesto” (Hegel, 1983:53). Como puede observarse, no se trata tanto de una “muerte” (como inmediatamente Croce la identificó), sino de una nueva realidad del arte y de su experiencia, dominada ahora por el saber, la teoría o la ciencia donde antes existía, por ejemplo, la manifestación o epifanía de lo divino o las fuerzas naturales. Así, el pensamiento y la reflexión se habrían extendido sobre el arte. La “ciencia del arte” se habría vuelto una necesidad mayor. Hegel aventuró probables causas de lo anterior: la preponderancia de las pasiones e intereses egoístas que ahuyentan la seriedad y la serenidad del arte; o bien “la vida civil y política que no permite al ánimo, atrapado en mezquinos intereses, liberarse para ascender hacia los fines superiores del arte, puesto que la inteligencia misma está sometida a esta miseria”.

volver

EL PROYECTO DE UNIDAD SISTEMÁTICA EN EL PENSAMIENTO KANTIANO

Genaro Ángel Martell Ávila

2.- El ideal sistemático de la Crítica del juicio.

 Es frecuente encontrar —entre los numerosos estudios sobre la filosofía kantiana y en especial sobre la Crítica del juicio— señalamientos encaminados a destacar la importancia de esa última Crítica como parte coherente del pensamiento crítico; y se encuentran también observaciones que se orientan, por el contrario, a demostrar que la Crítica del juicio constituye una ruptura radical con las iniciales expectativas del sistema de la razón pura. Estas dos posiciones encontradas dan lugar a una falsa controversia sobre el significado y relevancia de la obra en cuestión. De este modo, la asunción de la búsqueda del lugar sistemático de la Crítica del juicio es, en realidad, el genuino camino de la exégesis kantiana, en la que una interpretación no coincidente con aquélla búsqueda, la supone como su evaluación. En otros términos: toda interpretación no reductiva de la Crítica del juicio —es decir, que no la considere como un texto aislado— deberá manifestar, explícita o implícitamente, su posición respecto al lugar que ocupa en el pensamiento crítico; en este mismo sentido, es innegable que la misma obra apela y necesita las Críticas precedentes para exponerse con claridad; de tal suerte que cualesquiera que sean los enfoques o asuntos a tratar sobre este texto fundamental, ellos deben estar orientados sobre una evaluación de la eficacia final de todo el sistema diseñado por la crítica.

Se ha mostrado aquí, a través de los pasajes citados, que la filosofía crítica —hasta antes de la publicación de la Crítica del juicio— parecía haber determinado completamente las condiciones legales de toda operación del espíritu y que esto a su vez había prefigurado la unidad completa del sistema de la razón pura. Se ha advertido también que la aparición de la Crítica del juicio violenta esta tentativa y descubre nuevas posibilidades —o de unidad o de ruptura— del afirmado sistema. Por eso, es necesario mostrar cuál es la calidad del cambio y del desarrollo del pensamiento crítico observado con la aparición de la Crítica del juicio, a partir de las propias declaraciones de su autor. En primer lugar, deben considerarse como una indicación insoslayable las alusiones de Kant previas a la edición de esa obra. A este respecto, el propio Kant sugería un avance en el desarrollo de sus meditaciones con respecto a lo dicho en la Crítica de la razón pura, para la cual el orden artístico quedaba sin el régimen de principios apriorísticos; se indica en la primera edición de la Crítica de la razón pura:

 Las reglas o criterios del juicio de lo bello sólo pueden ser empíricos, según sus fuentes, y, por tanto, no pueden servir nunca de leyes a priori, según las cuales tuviera que regirse el juicio del gusto.

volver