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Semblanza y poemas de Manuel Quiroga Clérigo


 

Manuel Quiroga Clérigo nació en Madrid, España, el 2 de junio de 1945. Es Crítico literario, narrador, autor dramático y poeta. Es Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense, en la que sustentó la tesis "La crítica literaria como fenómeno sociológico". Colaborador literario y periodista literario desde 1964 de más de un centenar de publicaciones literarias y culturales de España, Iberoamérica y otros países, habiendo participando en diferentes Congresos, Simposios, Encuentros Literarios y Actos Poéticos, además de ser conferenciante, prologuista y participante en seminarios, cursos y otras actividades en los ámbitos literarios y de ciencias sociales. Es autor de los siguientes libros:

Homenaje a Neruda (Comunicación Literaria de Autores, Bilbao, 1973); Fuimos pájaros rotos (Ámbito Literario, Barcelona, 1980); Vigía (Ediciones Papuras, Querétaro, México, 1997); De Morelia callada (Ediciones Rialp -Colección Adonais-, Madrid, 1997); Los jardines latinos (Endimión, Madrid, 1998); Versos de amanecer y acabamiento (Ulises, Toledo, 1998); Íntima frontera (Torremozas, Madrid, 1999); Desolaciones tardías (Aristas de cobre, Córdoba, 2000); Las batallas de octubre (Plaza & Janés -Colección Debolsillo-, Barcelona, 2002).



Breve selección de poemas de Manuel Quiroga Clérigo

VANAS GLORIAS

Para María Sheila Cremaschi


Vanas glorias aquellas que prometen la fama
y todas sus secuelas.
La vida es sólo un recorrido por la nada;
quien así lo comprenda huirá de la gloria y sus errores,

de los altos castillos anclados en la niebla.
El día sólo tiene el valor de la duda;
la noche nos conduce a futuros caducos, miserables.
Busca más el diálogo que los discursos huecos.
Dirígete con calma hacia los horizontes,
no a los acantilados.
Tal vez los manantiales aparezcan más tarde.

 

EN LOS PRADOS SIN NIÑO

En los prados sin niño sólo inocencias tristes
nos devuelven la imagen que procede del llanto.
Ni siquiera unos versos suscitan la tristeza
de aquella soledad que burla las miradas
y despedaza tréboles, cosechas o rosales.
Son prados de violencia con escena de angustia,
doloridos reflejos de siberias y páramos
Se encuentran muy lejanos el amor y la vida,
las orquestas de flores y el mapa de las aves.
Es como un cementerio despojado de horarios
con la sombra infinita que recurre a los bosques
y a todos los vestigios de las torpes batallas.
Se acumulan momentos de astutos vendavales,
las horas de violencia y soledades turbias
o peregrinaciones de nieblas y de harapos.
En los prados sin niño no es posible la herida
pero tampoco el pájaro. Sólo son clandestinos
escenarios abiertos a todas las rutinas,
a los claustros antiguos del dolor impensado.
De repente sucede que intensas amapolas
ponen nuevo color junto a arbustos y acequias
en las inmediaciones de la hierba agostada.
Entonces nos parece que algún niño invadiera
ese pequeño caos del sándalo furtivo
y la melancolía, el lugar de la tarde.



Poema inédito:



PARA KIRRA, EN EL CIELO DE LOS PERROS

Ya caminas, seguro, por los mares inmensos de primaveras blancas.
Verás que ahí no existen tormentas o relámpagos,
ni las temidas sombras de traicioneras noches
o el ruido de cohetes cerca de tu ventana.
Ya estarás para siempre con los perros más bellos.
con tu hija perrita que murió siendo aire.
Aquí queda el vacío de tus perdidos pasos,
desfiguradas horas sin esa piel de niebla
y el confín de tristeza de tu ausencia de ángel.
Camina por las nubes con esa fuerza tuya de cautelosa fiera:
sabemos que mentías, eras sólo un peluche disfrazado de perro.
Seguirá tu presencia habitando esta casa,
viviendo los veranos, huyendo de la lluvia,
esperando el momento de correr por los prados.