Poema procedente de
DIEZ COLORES
NUEVOS
de Otto-Raúl
González
ANADRIO
Quien primero vio una nube de coloranadrio
era un joven pastor de diecisiete
abriles
que más tarde fue monarca de su
reino
y hombre feliz hasta decir ya no,
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
En mil
quinientos veinte
un español porquerizo de Castilla
vino a América y cuando se internó en la
selva
vio un árbol de color anadrio;
ese mismo soldado de fortuna
más tarde comió con Carlos V
y fue virrey;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
En la época
moderna otras personas
han visto objetos de color anadrio
y su suerte ha cambiado en forma
radical.
Un pescador
vio una sirena cuya cola
era anadria y desde entonces
pescó y pescó y pescó y pescó y
ahora
es dueño de una flota ballenera;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
¡Y de la buena suerte!
Vendía
periódicos un niño,
rapaz sin desayuno, de pobreza
trajeado,
y un día en su camino vio una
piedra
que era, por supuesto, de color anadrio.
Ese niño
actualmente es accionista
de una inmensa cadena de
periódicos;
porque el anadrio es el color de la alegría
y de la buena suerte.
Pinte usted
las paredes de su
casa
de color anadrio
y le irá bien.
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