Catálogo  Autores  |  Servicios   Pedidos   Convocatorias 

 

Azafrán y Cinabrio

e    d     i     c     i     o     n     e     s

V Premio Internacional de Poesía Desiderio Macías Silva

III Premio Internacional de Poesía Macedonio Palomino para obra publicada

III Premio Internacional de reseña Azafrán y Cinabrio

I Premio Internacional Universitario de Poesía DMS UAA - Azafrán y Cinabrio

 

contacto@ayc.com.mx

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II Premio Internacional
“Macedonio Palomino”
para obra publicada

2008


18 de diciembre de 2008
SE EMITIÓ EL FALLO DEL II PREMIO MACEDONIO PALOMINO PARA OBRA PUBLICADA


El Instituto Cultural de Aguascalientes y Azafrán y Cinabrio ediciones han dado a conocer el resultado de la segunda edición del certamen para obra poética publicada "Macedonio Palomino", en el que concursaron 62 obras de 13 países. El jurado estuvo compuesto por el poeta nicaragüense Edgard Cardoza, el escritor mexicano Benjamín Valdivia y Eugenia Yllades, directora general de la editorial, el cual determinó otorgar el premio al libro
Mundo crudo (Patagonia satori), del autor argentino Ricardo Miguel Costa.
La obra ganadora, la cual será publicada próximamente por las instituciones que convocan a este concurso.



Ricardo Miguel Costa (1958) reside en Neuquén, en la Patagonia Argentina.
Es autor de las obras Árbol de tres copas (1988); Casa mordaza (1990), Homo dixit (1993); Teatro teorema (1996); Danza curva (1999) y Veda negra (2001). El libro premiado, Mundo crudo (Patgonia satori), fue publicado por Editorial Limón, de Buenos Aires, en 2005.
Además del presente premio, el autor ha recibido otras distinciones como son: Bienal Argentina de Poesía (1991); Premio de la revista Plural (México, 1992); Tercer premio iberoamericano de poesía Pablo Neruda (Chile, 2000) y Tercer premio Poesía en tierra (Centro Cultural de España y Fondo de Cultura Económica, 2004).


UN POEMA DE LA OBRA PREMIADA:

PATAGONIA SATORI

Abandonado junto a un viejo Renault gris
en el kilómetro mil quinientos setenta y ocho,
él teme que su reflexión no incluya al mundo
ni a ninguna discusión que afecte la problemática
del ser y del no ser.
Duda y su reflexión se pliega a la deriva del jote
que sobrevuela la sequedad de este páramo.
Tanto desde arriba como desde abajo, hombre y pájaro
se demoran contemplando una extensión infinita.
Para el jote, el ritual culmina cuando descubre el objeto deseado
y su vuelo se inclina para precipitarse sobre la víctima.
En cambio para él todo comienza cuando entiende
que no existe otro objeto deseado
más que los motivos de su propia existencia.
Entonces reconoce que una filosofía inquietante
no debería cargar con el cuerpo de alguien que propone
una conjetura débil entre tanto abandono.
Así regresa al punto del cual nunca debió partir, el cual acepta
como destino del único mundo que le toca vivir; el que escucha
masticar al ave mientras la ruta continúa desierta,
mientras el tiempo se eterniza en una poética del silencio
y la espera vuelve a oscurecerse porque el pensamiento
no progresa y aquí no ha pasado nada.