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Azafrán y Cinabrio

e    d     i     c     i     o     n     e     s

Benjamín Valdivia (ed.):
La muerte de Venus

Otto-Raúl González:
Diez colores nuevos

Stephen Crane:
Los jinetes oscuros. Poesía completa.

Luis Manuel Pérez-Boitel:
No llames en la noche

Benjamín Valdivia
Senderos de un publicista.
Diálogos con la obra de Eulalio Ferrer.

Hugo de Sanctis:
Canción al prójimo

Jorge Leónidas Escudero:
Le dije y me dijo. Antología poética.

Agustín Cortés Gaviño:
...Y otros regresos. Obra literaria reunida.

Benjamín Valdivia et al :
Hablar en lenguas. Poemas traducidos en ocho idiomas.

Javier Báez Zacarías:
Para asuntos comerciales

Colección "Autores contemporáneos":
* Víctor Sahuatoba: Cuaderno de San Miguel
* Miguel Aguilar Carrillo: Laberinto del cuerpo

 

 

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Tres poemas procedentes de

LE DIJE Y ME DIJO
Antología Poética

RESTOS HUMANOS

Aquí han amado, aquí, en el fondo de este valle.

El Sinanthropus Calingastensis,
el que se defendía del olvido con un palo.
Aquí su metatarso, un solo diente,
calota corcho de alma desgraciada.

Aquí está el rudimento de su espera
en manos de los grillos,
el rompecabezas de su sombra jugado inútilmente.

Dejaba sus amigos en guitarras y cartas,
y andaba callejones pos la dicha
entrever lejos cuando
un mamut le puso la pata.

De su vida quedaron más que rosas grabadas
en piedras otoñales y una pizca en el viento
de susto,
pulgaradas de chamuyo en la fuente
y en la higuera dos nombres enlazados
que nadie puede leer.

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LOS GRANDES JUGADORES, 19

Este era un señor que fue el casino
por un whisky o dos, mirar mujeres,
jugar nunca, expresó;
pero a modo de broma ya está,
puso una ficha al 5 y se le dio
desgraciadamente.

De ahí para adelante es la historia de siempre.
Hasta abunda tanto el desengaño
que una noche fatal
el numerito aquel se le negó muchísimas veces.

Entonces ha salido apurado a la calle,
seco de solemnidad,
y dirigiéndose al parque elige un árbol,
prefiere no sé qué rama y fallece.

Sin duda que al árbol se le desprendió una lágrima;
pero allá en el casino, cuando se enteraron,
a nadie se le movió una hoja.


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ELLOS

Sentados fría noche árbol desnudo
en altas ramas bajo lunar ceniza
se acurrucan.
Han metido cabeza bajo el ala,
otros pían,
se mueven prestamente haciéndome lugar
pero yo todavía no alcanzo
plumaje etéreo.

Ellos salieron del bar,
se soltaron de las barbas del tiempo,
cayeron en desuso.

Ahora habitan la noche.
Aperchados en el árbol se corren
dándome espacio.
Ya voy ya voy ya voy,
no crean que voy a quedarme aquí,
esperen tranquilos,
pago la cuenta y estoy con ustedes.

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