Cinco poemas procedentes de
LOS JINETES
OSCUROS
Poesía completa de Stephen Crane
24
Vi un hombre persiguiendo el
horizonte;
a cada vuelta se aceleraban
ambos.
Estaba sorprendido por esto;
abordé al hombre.
“Es inútil,” dije,
“nunca podrás—”
“Mientes,” gritó,
y siguió corriendo.
25
He aquí la tumba de un hombre malvado,
y cerca, un espíritu severo.
Allí venía una lánguida muchacha con violetas,
pero el espíritu le detuvo el
brazo.
“Flores para él no,” dijo.
La muchacha lloró:
“Ah, yo lo amaba.”
Pero el espíritu, áspero y ceñudo:
“Flores para él no.”
Ahora, esta es la cosa —
si el espíritu fue justo,
¿por qué lloró la muchacha?
26
Se levantaba ante mí una enorme colina,
y escalé largos días
a través de regiones de
nieve.
Cuando tuve ante mí el panorama desde la cumbre,
pareció que mi labor
había sido para ver jardines
tendidos a distancias
imposibles.
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27
Un joven con ropajes relucientes
fue a caminar por un bosque
siniestro.
Allí encontró un asesino
ataviado con vestidura de
antiguos días;
malencarado entre la maleza
y blandiendo tremolante daga
corrió hacia el joven.
“Caballero,” dijo este último,
“Estoy encantado, créame,
de morir así,
en este estilo medieval,
acorde a las mejores
leyendas;
¡Ah, qué jubilo!”
Entonces recibió la cuchillada, sonriendo,
y murió, contento.
28
“La Verdad,” dijo un viajero,
“Es una roca, una poderosa fortaleza;
con frecuencia he ido a
ella,
incluso a su más alta torre,
desde la cual el mundo parece
negro.”
“La Verdad,” dijo un viajero,
“es un hálito, un soplo,
una sombra, un fantasma;
por mucho la he perseguido,
pero jamás he tocado
la orilla de su manto.”
Y yo le creí al segundo viajero;
pues la verdad era para mí
un hálito, un soplo,
una sombra, un fantasma,
y jamás he tocado
la orilla de su manto.
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